miércoles, 29 de febrero de 2012

Georges de la Tour: San José Carpintero

Olvidado por siglos y redescubierto en el siglo XX, el pintor Georges de la Tour (1593 - 1652), gran pintor francés del siglo XVII, fascina por su rigor geométrico y por su luminismo. Es cierto que retoma temas ya utilizados por otros artistas, los repite voluntariamente, sobretodo aquellos del repertorio de los artistas Caravaggistas, la corriente artística preponderante a principios de aquel siglo. Pero, a diferencia de sus contemporaneos, él retoma el espíritu de los primeros caravaggistas y devuelve a la pintura al estudio del alma humana. En los temas cotidianos, busca la emoción, la personalidad de los representados; en las obras religiosas, busca la desacralización de los personajes. Sus obras poseen una profundidad psicológica que generan una intimidad que conmueve. El artista, maestro en la utilización de la luz, medita en sus obras con serenidad y solemnidad, la espiritualidad francesa contenida que caracteriza el siglo XVII.

Otra gran influencia también fue el realismo flamenco.

Aquí se encuentra la obra San José Carpintero. Probablemente, si no supieramos el título, pensaríamos que se trata de una escena de la vida cotidiana. Sin embargo, José y el niño Jesús, con una representación completamente desacralizada, son los protagonistas de este cuadro. José se encuentra tallando un pedazo de madera, mientras Jesús sostiene una vela para iluminar. Los dos rostros de oponen: el de José, emocionado e inquieto, con lágrimas en los ojos, parece saber el destino de su hijo, mientras Jesús, con su rostro relajado, muestra la inocencia de la niñez. Por último, el pedazo de madera que está siendo tallado por José en una anticipación de la muerte de Cristo, ya que la misma evoca la cruz.

La escena transcurre durante la noche. La vela, único elemento de iluminación de la escena, genera una luz que sólo se proyecta en las partes más importantes del cuadro y genera volumen, recuerso muy utilizado por este artista. Al mismo tiempo, se confunde en el rostro del niño, de donde podríamos pensar que también se emana luz.


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